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1.- ¿Qué es el mobbing?

En los últimos años, y cada vez de forma más creciente, se viene hablando de determinadas situaciones cuyo origen se sitúa en el entorno laboral, a las cuales se encuentran expuestos algunos trabajadores y que presentan una capacidad importante para hacer daño a quienes son víctimas de ellas. Se trata de situaciones que tienen su origen en las relaciones interpersonales y como caldo de cultivo las propias condiciones de organización y factores psicosociales presentes.

El término mobbing es el empleado para identificar un estresor social muy potente; situaciones en las que una persona o grupo de personas ejercen un conjunto de comportamientos caracterizados por una violencia psicológica, de forma sistemática, durante un tiempo prolongado, sobre una persona en el lugar de trabajo.

Varios son los términos que se están utilizando para hacer referencia a estas situaciones; mobbing, acoso moral, acoso psicológico, hostigamiento psicológico, psicoterror laboral. De momento, y desde una perspectiva europea, el término "acoso moral", parece ser el que goza de más predicamento.

En cualquiera de los casos, y con independencia de algún que otro matiz, todos los términos hacen referencia básicamente a los siguientes aspectos:

  • a la utilización de la forma de violencia más refinada de que es
    capaz el ser humano; aquella que excluye la violencia física y recurre a la manipulación psicológica y
  • al encadenamiento a lo largo del tiempo de las acciones hostiles.

Así, podríamos señalar los siguientes elementos como aquellos que
identifican al fenómeno que describimos:

  • la continuidad: la exposición a las conductas de acoso no es algo
    temporalmente puntual, sino prolongado en el tiempo (se suele hablar de mobbing a partir de una duración de seis meses).

    * el sujeto paciente: normalmente suele ser una persona concreta, es
    decir, una única persona, y muy raramente, varias personas o un
    grupo de ellas.

  • la finalidad: normalmente es la destrucción, el aislamiento de la
    víctima, su marginación y exclusión de la organización.

  • las conductas: éstas suelen ir dirigidas a atacar distintos aspectos
    de la persona; su dignidad, su capacidad profesional, su vida privada e incluso sus cualidades físicas y morales.

  • la manifiesta injusticia de la situación y de las conductas.

El cuadro que se adjunta muestra una relación de conductas de
hostigamiento que ha sido utilizado como base para el estudio del fenómeno del mobbing.

Cuadro 1.- Algunas conductas de mobbing clasificadas por factores
(Zepf, Knorz y Kulla, 1996)

Ataques a la víctima con medidas organizacionales
El superior restringe a la persona las posibilidades de hablar.
Cambiar la ubicación de una persona separándola de sus compañeros.
Prohibir a los compañeros que hablen con una persona determinada.
Obligar a alguien a ejecutar tareas en contra de su conciencia.
Juzgar el desempeño de una persona de manera ofensiva.
Cuestionar las decisiones de una persona.
No asignar tareas a una persona.
Asignar tareas sin sentido.
Asignar a una persona tareas muy por debajo de sus capacidades.
Asignar tareas degradantes.
Asignar tareas con datos erróneos (habitualmente iniciales).
Ataques a las relaciones sociales de la víctima con aislamiento social.
Restringir a los compañeros la posibilidad de hablar con una persona.
Rehusar la comunicación con una persona a través de miradas y gestos.
Rehusar la comunicación con una persona a través de no comunicarse directamente con ella.
No dirigir la palabra a una persona.
Tratar a una persona como si no existiera.
Ataques a la vida privada de la víctima
Criticar permanentemente la vida priva- da de una persona.
Terror telefónico llevado a cabo por el hostigador.
Hacer parecer estúpida a una persona.
Dar a entender que una persona tiene problemas psicológicos.
Mofarse de las discapacidades de una persona.
Imitar los gestos, voces… de una per- sona.
Mofarse de la vida privada de una persona.
Violencia física
Ofertas sexuales, violencia sexual.
Amenazas de violencia física.
Uso de violencia menor.
Maltrato físico.
Ataques a las actitudes de lavíctima
Ataques a las actitudes y creencias políticas.
Ataques a las actitudes y creencias religiosas.
Mofas a la nacionalidad de la víctima.
Agresiones verbales
Gritos o insultos.
Críticas permanentes del trabajo de la persona.
Amenazas verbales.
Rumores
Hablar mal de la persona a su espalda.
Difundir rumores acerca de la víctima.

2.- Cuántos, quiénes y a que coste

Poco a poco vamos conociendo más sobre el fenómeno del hostigamiento psicológico en el trabajo. Hay que tener en cuenta que el estudio de este fenómeno es algo reciente (década de los 80) lo que supone la ausencia de una forma normalizada de estudio del fenómeno (ni en cuanto a definición, ni en cuanto a herramientas de evaluación). En cualquier caso, lo que si parece claro es que no se trata de un fenómeno marginal sino con una presencia nada desdeñable y, lo que es más importante, parece que las cifras conocidas son sólo la parte visible de un fenómeno de mayor envergadura.

Las primeras cifras de trabajadores afectados provienen de Suecia. Leyman descubrió y estudió allí este fenómeno. En 1992, un 3'5% de los trabajadores encajaba con la definición de persona que sufría mobbing en el trabajo. También en Suecia constataban que el porcentaje era notablemente más alto; un 8%. Los sectores de sanidad, educación y asistencia social mostraban una especial incidencia. Los estudios en Noruega ofrecen porcentajes parecidos: un 8'6%

En el ámbito de toda Europa, la Tercera Encuesta Europea sobre Condiciones de Trabajo en la Unión Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo señala que el hostigamiento psicológico afecta aproximadamente un 9% de los trabajadores (un 1% más que en la encuesta de 1996) esta misma encuesta ofrece para España la cifra de un 5% de trabajadores víctimas de mobbing.

Estudios más específicos llevados acabo en la Comunidad de Madrid por la Universidad de Alcalá de Henares en 2001 ofrecen porcentajes mucho más elevados, llegándose al 11'5% de los trabajadores encuestados.

Desde el punto de vista de quienes son los más afectados algo se ha comentado anteriormente. Los datos de que se disponen son inconclusos pero algo comienzan a apuntar; la afectación del sector servicios y la presencia de la administración pública. As los estudios de Leyman, en Suecia, apuntaban a los trabajadores de la enseñanza primaria, media o universitaria, los trabajadores de la salud (especialmente enfermería), trabajadores sociales e incluso miembros de organizaciones sin ánimo de lucro. La Encuesta Europea antes mencionada apunta básicamente a los trabajadores de actividades financieras y a la Administración Pública.

Los estudios sobre los costes del hostigamiento psicológico en el trabajo son también dispersos, habiéndose estudiado diferentes ámbitos de impacto. En cualquier caso, se adopte la óptica que se adopte, los datos son claros; los costes se producen en muchos niveles y en cuantías importantes. Más adelante se comentarán los costes en términos de sufrimiento y pérdida de salud para las víctimas pero sirvan de momento a título de ejemplo, la cuantificación de otros costes. Alemania cifró, en 1995, el coste del mobbing en cien mil millones de marcos. A la empresa Bayer le supuso 3.000 millones de pesetas al año. En Gran Bretaña se ha estimado que supone la pérdida anual de casi 19 millones de jornadas laborales. Y, probablemente, la cuantificación del coste más dramático; en 1995 se estimó en Suecia que entre el 10 y el 20% de los suicidios tenían su origen en situaciones de hostigamiento psicológico.


3.- Cómo cursa y entorno en que lo hace

Las razones por las que se pueden gestar en un momento dado conductas de mobbing pueden ser muy variadas. Desde conflictos o diferencias nimias hasta situaciones en que tales conductas constituyen una forma de distracción. Pero hay orígenes aún más perversos; la existencia de ciertos comportamientos organizativos que institucionalizan ciertas formas de hacer dentro de la organización en las que se facilita la confrontación, se opera bajo los postulados de la teoría X de McGregor y se establece como valor de la cultura organizativa la existencia de entornos estresantes o dictatoriales. Perversas también, por su carácter estratégico son aquellas situaciones en que el hostigamiento psicológico es un recurso afecto a una clara intencionalidad: excluir a quienes pueden suponer una amenaza para personas concretas o la organización en su conjunto.

Algunos autores han aportado el término de organizaciones tóxicas para referirse a organizaciones con una serie de características que sirven como caldo de cultivo propicio para la aparición de situaciones de acoso psicológico. La organización del trabajo adquiere aquí un papel fundamental, habiendo mostrado distintos estudios la existencia de una importante relación entre el fenómeno de mobbing y las organizaciones pobres o deficientes del trabajo. Así, tales conductas se ven favorecidas en organizaciones con métodos de trabajo y producción muy pobres, con ausencia de interés y apoyo de los superiores, con ausencia de posibilidades de colaboración, con la existencia de múltiples jerarquías, con exceso de demandas de trabajo y escaso control hacia el mismo de los trabajadores, con deficientes organizaciones diarias del trabajo, con problemas de definición de rol, mala gestión del conflicto …

A resaltar la importancia de este último aspecto, la gestión de los conflictos, en cuanto que tal cuestión tiene un papel fundamental en la evolución de las situaciones conflictivas. Como abordar éstas determina en gran medida controlar su curso. La negación del conflicto e incluso la implicación activa en el mismo con la emisión de conductas de estigmatización por quienes deberían poner remedio no son sino mecanismos que contribuyen claramente a incrementar la indefensión de la víctima.

En el curso del mobbing se han distinguido básicamente cuatro fases, constituyendo el paso a cada fase posterior el fracaso en la resolución del problema en fases previas.

La primera fase se constituye la fase de conflicto. Aquí se sitúa el origen de lo que acabará convirtiéndose en una situación de acoso. Es donde se sitúa el primer conflicto, que lejos de solucionarse, aclararse, olvidarse, se cronifica. Es donde las víctimas sitúan el incidente crítico, aquel que marca un antes y un después y que se recuerda como el acontecimiento que supuso un cambio en los comportamientos.

La segunda fase es propiamente la de mobbing o de estigmatización. Es donde se produce con toda su crudeza la adopción, por una de las partes en conflicto, de las distintas modalidades de comportamiento hostigador sobre la víctima cumpliendo con los requisitos de tiempo señalados en la definición. Esta fase se prolonga en la medida en que en la organización se niegue la existencia del conflicto, o se evite el mismo o incluso se decida no intervenir por entender que forma parte del conflicto privado.

La magnitud e implicaciones del problema llegan a un punto en que es imposible que la organización no acepte la existencia de un serio problema. Es la fase de intervención desde la empresa. Aquí los mecanismos de intervención son muy variados y dependerán de los hechos concretos, las víctimas y los acosadores, el tipo de organización, la legislación vigente,… Pero de manera habitual, y de forma lamentable, la intervención suele consistir en desembarazarse de la víctima del conflicto, para mayor estigmatización y sufrimiento de la misma.

En último lugar suele suceder la fase de marginación o de exclusión de la vida laboral. Se caracteriza porque el trabajador compatibiliza su trabajo con bajas, cada vez más largas hasta quedar excluido definitivamente del mundo laboral.

En este concepto de organización tóxica, junto con acosadores y víctimas, coexisten otros protagonistas que tienen su importancia de cara a determinar la magnitud del fenómeno, su evolución y la situación de desamparo de las víctimas. Se trata del resto de compañeros de trabajo que pueden adoptar un papel de co-acosadores (ayudan y cortejan al acosador principal, generando conductas de acoso) y los espectadores que no participan activamente en el conflicto, ni de un lado ni del otro, por miedo a acabar como víctimas.


4.- El impacto del mobbing

Como ya se ha apuntado algo en el punto 2, las consecuencias del hostigamiento psicológico pueden ser variadas, de naturaleza distinta y con proyecciones también sobre ámbitos diferentes. La propia víctima inmediata, el trabajador afectado constituye uno de los ámbitos de impacto fundamentales. Al principio, incluso es el único que sufre las consecuencias. Pero a lo largo del proceso comenzarán a ser también evidentes los daños para el entorno familiar y social de la víctima, para la organización de trabajo en su conjunto y para la propia comunidad social.

En el caso del trabajador afectado, la sintomatología que puede sufrir puede llegar a ser muy diversa, girando aquella básicamente en torno a la ansiedad, con tendencia a la generalización a situaciones distintas a aquellas en las que se sitúa el conflicto. Las reacciones de estrés, el síndrome de estrés postraumático, los trastornos por ansiedad generalizada son trastornos bien documentados en su relación con el mobbing. La patología psicosomática es referida también de forma habitual (trastornos orgánicos, paranoides e incluso suicidad).

Desde el punto de vista de salud social y familiar, ésta puede llegar a encontrarse muy afectada en cuanto a que la situación de mobbing puede alterar y distorsionar las interacciones con familiares, amigos. La importancia del entorno familiar y social proviene que constituyen las principales fuentes de apoyo social de la víctima y, en muchos casos, su único lugar de amparo. Cuando éste también se resiente, la indefensión y la soledad del hostigado es mayor, agravándose la situación. La vivencia del acoso adquiere un carácter de aspecto central en la vida de la víctima (la centralidad del mobbing), que contamina el resto de los ámbitos y hace que todo gire en torno al problema. No es raro el incremento de la conflictividad familiar, el alejamiento y abandono de amigos, la propia desestructuración social y familiar, los daños económicos por bajas, despidos, la disminución de la capacidad de encontrar un nuevo empleo. Y en muchas ocasiones, el hostigado solo encuentra en su entorno incomprensión hacia su problema y, en el peor de los casos, el cuestionamiento de su propio estado mental.

El entorno laboral tampoco es ajeno al fuerte impacto de las situaciones de acoso. El rendimiento del trabajo se suele ver afectado, tanto el de la víctima como el de la organización en su conjunto. Los problemas de comunicación y colaboración entre trabajadores interfieren en las relaciones que los trabajadores tienen que establecer necesariamente de cara a cara a la ejecución de sus cometidos, alterando los ratios de cantidad y calidad. También se suele producir un incremento del absentismo, de la rotación, interna externa, y una disminución de la calidad de las relaciones interpersonales.


5.- Qué se puede hacer desde el entorno de la organización

Hay que tener en cuenta que estamos ante situaciones que se originan en el lugar de trabajo, como consecuencia de ciertos factores organizacionales y que comprometen la salud de las personas. Ello lleva a tener que plantearse en primer lugar la cuestión del hostigamiento psicológico como una cuestión de salud laboral y, por ello mismo, como un fenómeno a abordar desde esta perspectiva (sin excluir, evidentemente, cualquier otra complementaria).

Desde el punto de vista temporal se pueden distinguir dos momentos; el de la prevención y el de la intervención. Prevenir antes de que sucedan, en definitiva diseñar entornos organizacionales tóxicos. Y, en un momento temporal posterior, plantearse que hacer cuando ya se ha producido la situación de acoso.

A nivel preventivo cuatro son las cuatro áreas que apuntan los expertos como de acción obligada; el diseño del lugar de trabajo, el trabajo sobre los aspectos de ejercicio de la autoridad, la clarificación del estándar moral de la organización y el estatus o posición social de las personas.

La actuación sobre el diseño de la organización y del lugar de trabajo se constituye en pieza angular para evitar caldos de cultivo en que florezcan las llamadas organizaciones tóxicas. Así, debería trabajarse sobre los contenidos de las tareas, la carga de trabajo, el control y autonomía sobre el trabajo, la definición de competencias, las redes y tipos de apoyo social, los sistemas de participación, etc.

En segundo lugar se ha apuntado a la necesidad de trabajar sobre los aspectos relacionados con el ejercicio de la autoridad. La importancia de esta cuestión reside en que, de un lado, en la mayoría de los casos las situaciones de acoso son de carácter vertical descendente, es decir, acoso ejercido por los superiores hacia subordinados y, en segundo lugar, porque también en la mayoría de los casos, la primera detección del problema y gestión del conflicto corresponde a quien tiene poder de dirección. Aspectos a potenciar serían el desarrollo de habilidades para el reconocimiento y manejo adecuado de conflictos, la incorporación y transmisión de ciertos valores de cultura organizativa, el diseño de sistemas de comunicación horizontal y vertical, el desarrollo de sistemas de resolución de conflictos, etc.

En tercer lugar se apunta la necesidad de establecer con carácter previo cuáles van a ser los estándares morales por los que se va a regir la organización. Se trataría de dejar claro, asumidos y aceptados los que van a ser consideradas como conductas inaceptables e intolerables y en educar en la comprensión de la diversidad (racial, étnica, de capacidades…)

En cuarto lugar, mejorar la posición social de la persona tiene que implicar garantizar los derechos de las personas dentro de las organizaciones y, por supuesto, garantizar también la existencia de unos procedimientos correctamente establecidos que sean garantes de los derechos a la queja y al anonimato. Todo lo anterior, gestionado por manos expertas, contribuye a facilitar la denuncia de situaciones anómalas y, con ello, a prevenir la aparición de este tipo de conflictos.

El segundo gran momento a nivel de actuación es aquel en que ya se han producido las conductas de acoso. La estructuración de las medidas de intervención dependerán fundamentalmente del tamaño y de la estructura de la empresa. En cualquier caso es necesario disponer de un sistema sensible con capacidad para detectar de forma precoz las situaciones no deseadas.

Se suele recomendar en este punto que la persona hostigada pueda contar con una persona de referencia que le oriente y acompañe a lo largo del proceso que se abre ante ella. Alguien que pertenezca a un departamento distinto del de la víctima, que cuente con una preparación específica sobre el mobbing y sobre las cuestiones procedimentales y que tenga la posibilidad de tratar los problemas y de ofrecer soluciones.

En esta fase de actuación no hay que olvidar el tratamiento médico y psicológico cuando sea necesario, la adopción de medidas que eviten en impacto patogénico de las condiciones de trabajo, autoayuda, colectivos de afectados, la utilización de los elementos de apoyo social que pudiera tener la víctima, etc.


6.- Los aspectos legales

Las cuestiones diferentes al abordaje legal de las conductas de hostigamiento aquí explicada han sido tratadas por la doctrina sólo de manera muy reciente. Lo que es claro es que varios, y de diversa entidad, pueden ser los bienes jurídicos protegidos que se pueden encontrar vulnerados y conculcados. Siguiendo a Velásquez, no existe en nuestro ordenamiento jurídico un tratamiento específico del fenómeno del mobbing.
Sin embargo puede considerarse un atentado contra el derecho del trabajador a la intimidad y dignidad (derechos recogidos en el Estatuto de Trabajadores y contra la propia Ley de Prevención de Riesgos laborales, en cuanto que en origen o desarrollo del mobbing concurran el no cumplimiento de algunas de las obligaciones la ley establece, como la de prevenir los daños derivados del trabajo, la de identificar el riesgo y valorarlo o la de adoptar medidas para evitarlo.


Para más información, pincha la página web mandada por nuestra compañera Lupe del Hospital Santiago de Vitoria-Gasteiz.

www.mobbing.nu

(Este interesante artículo se lo hemos txuleado a JESUS PÉREZ BILBAO, y fue publicado en el número de Diciembre de 2001 en la revista Lan OSALAN, del sindicato STEE-EILAS)

 
Cajón de Sastre Asoc. de aux. psiquiátricos de Euskadi calfer@euskalnet.net